El Camino de Santiago es una vía de peregrinación que nació en el siglo IX tras el descubrimiento de la tumba del apóstol Santiago en Compostela. No es solo una ruta física, es también un camino interior, un viaje que te queda marcado siempre. Y la oportunidad que nos da el APA para hacer ese viaje con tu hija es un momento maravilloso.
Hacer el Camino con nuestras hijas adolescentes es un regalo y un desafío. Empieza con la preparación del viaje, con la ayuda inmensa que proporcionó el APA, con consejos, rutas muy bien pensadas y una logística en la que madres e hijas solo tenían que esforzarse por andar los kilómetros asignados a cada día, y disfrutar.
En el Camino se hace mucha piña, encuentras otras madres y niñas que te animan a seguir cuando flaquean las fuerzas, que te ofrecen agua, chocolate… Conversaciones que no nos caben en la vorágine del día a día, pero que, con kilómetros por delante, se disfrutan muchísimo. Hay momentos de charlas profundas y tramos de silencio. Rezamos y reímos. Cada señal que nos indica que nos acercamos a Santiago es una motivación extra y un empujón que nos impulsa hacia delante. La meta es importante, pero casi más importante es el trayecto.
Madrugones, viaje en autobús, empezar el día en Misa, estiramientos antes de salir, hostales, desayunos de picnic, paradas a comer todas juntas, la subida de O Cebreiro, formación, rezar el Rosario en grupo, sentirnos acompañadas por los sacerdotes del colegio, quien es cabeza, quien es cola, encargos para servir al grupo, que nadie esté sola, pasear entre bosques, el Monte del Gozo, avisos por el micrófono, taller madre-hija, turnos en las duchas, vaselina, calcetines sin costuras, sol, música, silencio, bailes, sobremesas en la cena, dormir en literas…
La llegada a la plaza del Obradoiro, todas juntas, es un momento que no se nos olvidará. Tanto esfuerzo recibe su recompensa a los pies del Apóstol, a quien le encomendamos a todas las familias del colegio. Al completar el Camino, no solo tenemos la Compostela. Nos llevamos un legado de tiempo de calidad y recuerdos imborrables con nuestra hija, sabiendo que, en realidad, el Camino de Santiago nunca acaba realmente, siempre estamos de Camino.
¡Buen Camino, peregrinas!




























